El Típ Santo fue un hombre muy audaz.
Cuando lo incorporaron al servicio militar, decidió que no lo iba a hacer.
Le agarraban supuestos ataques de locura, durante los cuales aporreaba a quien tuviera cerca, sin importar jinetas.
Como era muy fuerte y corpulento, no resultaba fácil controlarlo.
Al fin, luego de dos o tres meses de aguantarlo, lo licenciaron.