Son numerosas las anécdotas de Luis cuando joven.
Una vez con sus amigos decidieron hacerle una broma (pesada) a un personaje que creía en la existencia de los fantasmas.
Como en esa época no había intercomunicadores ni celulares, enterraron una manguera de riego (de las de antes, de goma) colocando una punta entre las raíces de un jume y la otra en una depresión del terreno, todo esto en un campo sin cultivar, por supuesto.
Una noche de luna llena llevaron al sujeto al lado del jume y uno de los amigos se escondió en el pozo y habló con el grupo a través de la manguera.
Sus creencias, la hora, la voz de ultratumba producto del recorrido por la manguera, causaron un fuerte impacto en el hombre.
En siguientes "sesiones" y por su trabajo de "mediación con los espíritus" lograron que les entregara dos liebres criollas (maras) que había criado como mascotas y con las que hicieron estupendos guisos.
Continuaron con el asunto hasta que, cansados de la ingenuidad del candidato, en medio de una sesión uno de los amigos apareció cubierto con una sábana y una horquilla en la mano y corrió por el campo al espantado sujeto.
Desconozco el estado posterior de la víctima.
Otra cuenta que a una fiesta llega uno de los invitados en un sulky, el que deja bajo un gran arbol frente a la casa.
Terminada la reunión, sale y no encuentra el sulky, pero sí el caballo y los arreos.
Extrañado e indignado, acude a la policía, pero como ya era noche cerrada no pueden hacer nada hasta el día siguiente.
Al amanecer acuden todos al lugar del hecho y advierten que el sulky estaba en el mismo sitio donde lo había dejado el dueño, solo que tres o cuatro metros más arriba, colgado del arbol.
Trabajaban mucho para divertirse ...